A Donald Trump sólo le importa Donald Trump.

No es la primera vez que escribo sobre la amenaza que representa para el planeta; lo hice en ,  y  en EL UNIVERSAL. Hoy las alarmas se encienden nuevamente. A un año de distancia –y como están las cosas– es probable que en noviembre de 2024 Trump sea elegido como cuadragésimo séptimo presidente de Estados Unidos. La pesadilla de  (MAGA) nos acecha de nuevo, aunque muchos en Estados Unidos y el mundo entero no logremos asimilarlo. Sólo que, esta vez, esa pesadilla viene recargada.

Durante cuatro años aciagos (2017-2021) Trump cimbró los cimientos de la democracia en Estados Unidos, embistió sin pudor la división de poderes, la transparencia, los medios de comunicación, la ciencia, el sentido común. Amenazó la convivencia pacífica mundial, arremetió contra el multilateralismo, castigó a los aliados de Estados Unidos, se puso del lado de los déspotas.

, demagogo, polarizador, xenófobo, misógino, admirador de dictadores, enemigo de la ciencia, negacionista del cambio climático, y de minimizar la pandemia del COVID-19. Que conste que no lo digo yo, lo dicen millones de sus compatriotas. Es sorprendente que, aun así, esté aparentemente a punto de ser reelegido presidente de la nación más poderosa de la Tierra.

La forma en que trató a México, a los migrantes, a quienes pidieron asilo y a las minorías de su propio país no tiene precedentes. Pero el lado más vil de sus políticas migratorias fue la separación forzada de miles de familias y de niños mexicanos y centroamericanos que abandonaron sus atribuladas y empobrecidas naciones en búsqueda de una vida mejor.

 minaron décadas de esfuerzos que, aun con altibajos, se centraron en el asilo, la protección a los refugiados y la reunificación familiar. A Trump lo recordamos más por su intento fallido de construir un infame “muro” en los 2931 kilómetros de la frontera y obligarnos a pagarlo. Aunque, para ser exactos, la construcción del muro no fue su idea: el presidente George W. Bush construyó muchos kilómetros de muros y vallas en la frontera sur entre 2006 y 2007, el presidente Barak Obama hizo lo mismo entre 2007 y 2015, y pareciera que el presidente Joe Biden quiere seguir su ejemplo.

Que no nos quede duda: si Trump llega a la presidencia en 2024 nos hará pagar por su muro, de una manera u otra. Y, lejos de solucionarse, la crisis humanitaria por la migración hacia Estados Unidos a través de la frontera con México se agravará y nuestro país seguirá pagando los platos rotos de una política migratoria inhumana. Y, ¿qué decir de su plan de  para combatir a los carteles de la droga?

¿Está México preparado para cuatro años más de un Trump recargado, empoderado, más radicalizado? ¿Cómo votarán en 2024 los millones de votantes de origen mexicano y latinoamericano que viven en Estados Unidos? ¿Está el mundo preparado cuando los vientos del autoritarismo y el nacionalismo soplan con fuerza renovada en los cinco continentes?

Donald Trump arremetió contra el planeta como ningún otro presidente estadounidense. Sacó a su país del Acuerdo de París sobre cambio climático y suspendió apoyo económico crucial al Fondo Verde para el Clima,  y combatir el calentamiento global, revirtió la legislación sobre emisiones de CO2, químicos tóxicos y emisiones vehiculares, y sobre la protección de humedales, pesquerías y especies en peligro de extinción.

Evisceró a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) transformándola en una herramienta política. En un arrebato en los últimos días de su presidencia permitió la primera venta de concesiones para  en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, uno de los lugares más prístinos de Estados Unidos.

Hoy queda claro que los abusos de Trump no hubieran sido posibles sin la complicidad de ilusos o inescrupulosos líderes políticos en todo el mundo, quienes dócilmente celebraron sus caprichos con la esperanza de obtener favores, o evitar que los maltratase. Y esas tropelías no hubieran sido posibles sin la complicidad de senadores y congresistas de un partido Republicano que hoy está más desacreditado que nunca, que sueña con el regreso de Donald Trump y que seguramente será aún más abyecto en su nueva presidencia.

Si, la historia los juzgará a todos, pero ¿y mientras?

De acuerdo, tal vez Joe Biden no sea el candidato ideal ni el que más inspira.  de estadounidenses piensan que a sus 80 años está “demasiado viejo y confuso”; pero un porcentaje similar también dice que Trump (de 77 años) es “corrupto y deshonesto”. Tal vez por eso nuestros vecinos del norte están en una encrucijada.

El mundo necesita a unos Estados Unidos estables, respetuosos y confiables que se sumen a la comunidad internacional para enfrentar los desafíos más cruciales de la humanidad. Eso no será posible si Donald Trump es reelegido. No metamos la cabeza en la arena. La elección del 5 de noviembre de 2024 es la más trascendental en la historia moderna de Estados Unidos, con impactos que reverberarán durante muchos años en todo el mundo.

No me hago ilusiones, pero quiero pensar que la historia, tantas veces terca, no quisiese repetirse.

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